viernes, marzo 09, 2007

Un viaje interior

No me da miedo reconocerlo: siempre me han cautivado las grandes epopeyas románticas acontecidas en lugares exóticos, lejanos, inalcanzables: desde David Lean y su poesía visual y argumental (Doctor Zhivago) a Jean Pierre Jeunet y su apasionada visión de las consecuencias de una guerra (la magnífica "Largo domingo de noviazgo") pasando por Meryl Streep y Robert Reford descubriendo el amor más arrebatador en las eternas llanuras africanas o Ralph Fiennes recordando, en las vísperas de la muerte, aquel amor que le enloqueció y le convirtió en un alma frágil bajo el poder de los sentimientos, en la que ha sido la obra maestra de Mingella (que ahora parece no dar pie con bola, y eso que "Cold Mountain" era muy digna), "El paciente inglés". Todos estos filmes, además de arramplar con un importante número de oscars, conseguían evocar el lirismo y la grandiosidad del amor, no sólo mediante la historia, sino también a través de las imágenes, otorgándole un sentido completo a la función del cine. A pesar de todo, el genero cayó en decadencia, y aunque a veces aparecen repentinas resurreccciones,el género ya no es lo que era. "El velo pintado" es uno de esos deliciosos caramelos con los que pretenden tranquilizarnos a los amantes del lagrimoteo romántico y las fotografías que traspasan la pantalla.Adaptación de una novela del siempre interesante Sommerset Maughan, John Curran ha elaborado un hermoso trabajo sobre el logro de la madurez en el amor y la vida: valiéndose de dos bazas considerables (un texto muy notable y una cuidadísima dirección artística) , el resultado es una producción, que sin las ambiciones de las anteriormente citadas, entretiene gracias a un buen manejo de la acción dramática , y además, conmueve por un inteligentísimo uso de la excelente banda sonora , la fascinante fotografía, y cómo no, por una historia que trata de seres imperfectos, inmaduros, todavía incapaces de entenderse a ellos mismos, pero que en un peligroso viaje al inerior de la China, aprenderán a conocerse y a adaptarse el uno al otro. Buenas interpretaciones de Norton y Watts (que ejercen de productores y se han implicado activamente en el proyecto) y y una conseguida introducción de aspectos políticos y religiosos. En resumidas cuentas, un buen trabajo que merece la pena ver.










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